en 3 meses


A partir de Abril habrá una embajada en regla y, más que nada, todas las medidas presidenciales para propiciar el flujo de personas, finanzas, mercancías e información.
El nacional-castrismo es un régimen de la confrontación, de lo esterilizadamente segregado y sólo tiene por delante tres opciones: cambiar el mundo, aislarse de él, o desaparecer inexorablemente.

Su fin serán:

1-Los cientos de miles de turistas norteamericanos que no podrán asimilar los hoteles de los militarotes y que, a diferencia de canadienses o europeos, no tienen pelos en la lengua ni tampoco admiten restricciones a sus libertades básicas de movimiento o reunión.

2-El dinero que lloverá, ya no hacia los disidentes sino hacia un sector más efectivo en la democratización: los miles de empresarios pequeños y minúsculos que se sumarán por la izquierda o por la derecha y que, a la larga, no pueden más que chocar con el raulato.

3-El imparable chorro de información que arrastrará hacia la oposición a un elemento mucho menos sospechoso de otros intereses espurios, y a la vez más culto y flexible, ideal para los tiempos que se avecinan en que más que héroes de la resistencia se necesitarán políticos.

4-El casi seguro abandono de la Ley de Ajuste Cubano, que privará al régimen de la conveniente válvula de escape para hacer caer la presión interna en los momentos difíciles del traspaso de poderes de Raúl al incoloro que escoja para sustituirlo.

5-El fortalecimiento moral de la Iglesia por haber jugado un papel clave en este proceso, en la persona del Papa Francisco, que ojalá no tarde en visitar Cuba. Una institución que ha sido vertical ante la dictadura, aún cuando algunos que no siempre lo han sido no crean conveniente admitirlo.

Aunque casi nadie quiera o pueda verlo en medio de la vorágine actual, la larga noche del castrismo ha llegado a su fin. Es por ello que Fidel Castro, a quien los detalles no engañan y sí ve lo esencial, guarda o lo hacen guardar silencio.
Como en abril de 1898 o en marzo de 1958, los norteamericanos han vuelto a hacer lo que correspondía. Algo que, por desgracia, no han hecho casi nunca, empeñados en políticas exteriores prepotentes o aldeanas.
Quizás gracias a este gesto, nuestros dos pueblos, separados por apenas 90 millas, por fin comiencen a tratarse ya no como hermanos adolescentes, repletos de celos y pequeños resentimientos familiares. Y hablo ahora de un tiempo más allá del castrismo en retirada, cuando Cuba pueda unirse como uno más en las batallas que se le avizoran a nuestra civilización.

http://www.14ymedio.com/opinion/comienzo-fin-larga-noche-castrismo_0_1691230866.html

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